Me equivoqué



       Me enamoré de su bello cuerpo: un templo erigido por la Naturaleza para el deleite de los sentidos. Mas me olvidé por completo de poner toda mi atención en esa maquinaria sublime que mueve cuanto en el Universo existe, impulsada misteriosamente desde una dimensión desconocida. 

     
      
      
      Por eso me equivoqué, pues un cuerpo sin la compañía de su su alma no es nada, casi apenas tiene vida. Y ella necesitaba no sólo sentir mis caricias sobre su desnudo cuerpo; sino también el calor de mis palabras llenas de afecto y consuelo levitando alrededor de su alma, volando junto a ella hacia los confines de un mundo que no es este terrenal que nos pesa tanto, sino aquel otro lugar tan liviano al que podemos ser transportados en tan sólo unos instantes gracias a las benevolentes manos del Creador. 

      Por eso me equivoque, pues un cuerpo sin la compañía de su alma no es nada, casi apenas tiene vida.



(De Cuadernillo de la Cuarentena Covid-19)

J.L. Pacheco.