El sueño

       Marco daba vueltas bajo el edredón. Dormía y se despertaba; le embargaba una duda, esfumada al dormirse de nuevo. Inmerso en la realidad onírica, se inquietaba al verse envuelto una vez más en un mundo invadido por aquel extraño virus. ¡No era posible!: contagios y muertes... La pesadilla se iba, solapada con otro fugaz sopor de incertidumbre. Cuando regresaba el sueño, apartaba la mirada de una televisión que mostraba las imágenes de bares cerrados y hospitales colapsados, bajo un manto de cifras manipuladas. Después, salía a la calle para despejarse; se cruzaba, entonces, con personas de sonrisa tapada por una tela de diversos colores y arabescos.
       Transcurrieron las horas y asomaba el alba. Marco abrió poco a poco los ojos, ya consciente de que no iba a dormirse más. «El mal sueño ha pasado», se dijo. Bostezó y estiró los brazos hasta emitir un suspiro de alivio. Vio a su perro en la penumbra y lo llamó. Cuando el can se subió a la cama, se dispuso a acariciarlo. Sintió entonces frío en las manos: la mascota arrastraba, sujeta en el hocico, una mascarilla roída.

El reloj de la vida

EL RELOJ, DE PRONTO, 

se detuvo. 

El egoísmo del tiempo 
marchitó todas 
las esperanzas. 

Gabardinas de colores. Poema de Antonio Portillo Casado (del libro Rayomatiz).

                                                                       Imagen de la Red
 

 

No ha llovido.

No me intentes

convencer.

Aunque insistas

y señales

con los ojos

todo el suelo.



No ha llovido.

¿Ves los charcos?

¿Y veleros

de cartón?

Faltan niños,

chapoteos,

gabardinas

de colores.



¿Qué ha ocurrido?

Que las lágrimas

de la Tierra

—un millón—

estallaron

por los niños

que atrapó

la cuchilla.

 

*(Del libro de poemas Rayomatiz, Sial Pigmalión - 2020)

 

Escucha el poema en YouTube: 

 https://youtu.be/nAm387OdwIc