Los hombres no lloran


          El tufillo de la mierda se extiende por el aula. “¿Quién sa jiñao?”, pregunta la maestra. Los niños callan. Ella va oliendo uno a uno. “Anda, ve a casa y que te limpie tu madre, so guarro”. El angelito baja la escalera, luego sube por la Calle Real. Las mujeres desde la penumbra de la puerta de sus casas lo ven pasar con la mancha en el trasero y el chorrito marrón que baja hasta los tobillos. “Caca, caquita, sobre la piernita”, tararean algunas. El chiquitín lleva la cara muy seria, los brazos sobre el vientre y los ojos mirando abajo. Cruza la plaza. Llega a la puerta de su casa. “Mama, me cagao”, solloza. Luego se echa a llorar.

 

El texto es de Santiago Solano